Hacer una ruta por Laos en 10 días era algo que llevaba tiempo rondándome la cabeza. No quería dejar este país en la lista eterna de “algún día” y, cuando por fin llegué, decidí plantearlo a mi manera: sin correr y concentrando el viaje en dos lugares muy concretos, Luang Prabang y Vientián. Yo llegué a Luang Prabang desde Hanói, última parada antes de cruzar a Laos.
Eso pensaba yo, al menos, hasta que el tren empezó a frenar en Vang Vieng.
El tren se detuvo en Vang Vieng y casi todo el vagón se levantó al mismo tiempo. Mochilas a la espalda, miradas de ilusión, ese murmullo eléctrico de quien siente que está llegando “al sitio”. Yo me quedé sentado. Vi cómo bajaban uno tras otro mientras las puertas se cerraban y el tren volvía a ponerse en marcha. En ese momento sentí algo incómodo: la sensación de estar dejando pasar una oportunidad.
Había decidido no bajar. Siete días en Luang Prabang, tres en Vientián. Sin Vang Vieng, sin el sur, sin las 4000 Islas. Una elección condicionada por mi estado físico y por la idea de no forzar más de la cuenta. Sobre el papel parecía sensato. En ese andén, no lo sentí así.
Pero los viajes no se entienden en una sola escena. Y esta ruta, aunque más corta y concentrada de lo habitual, terminó dándome mucho más de lo que imaginaba.
De Luang Prabang a Vientiane: así fue mi ruta (con gripe, barro y arteriopatia)
Por qué elegí este itinerario (y el error de escuchar a la IA)
El tren rápido: lo mejor del viaje (y cómo usarlo)
El tren rápido de Luang Prabang a Vientián dura cerca de dos horas el recorrido. No es un alta velocidad como tal, ya que no pasa de 160 km/h, pero es una maravilla que te ahorre de 5 a 7 horas de bus o furgoneta.

Para comprar los billetes, en los hoteles los venden, en el mío fue realmente insistente la señora, pero yo tenía días de sobra para acercarme con la moto. Sinceramente, es un esfuerzo ir hasta allí con la moto; no vale la pena si tienes los días justos.
Comprar billete en la estación, lo primero que te sorprende es la cantidad de gente que hay por allí yendo y viniendo. Esta línea de tren conecta Vientián-Vang Vieng- Luang Prabang y luego conecta con China en Kunming con lo que tiene un flujo grande de turismo Chino.
Comprar allí los billetes es muy fácil, enseguida verás las taquillas y, con un poco de cola, lo podrás comprar.

La manera lógica de comprarlo, si no te sobran días como a mí, es entrar en Bookaway / 12Go Asia / Baolau.com
La opción hasta hace un tiempo, antes del tren, era el bus o minivan; más barato, sí, pero viendo las carreteras y cómo se ponen cuando cae algo de agua, puede llegar a ser una tortura totalmente evitable con el tren.
Precio: 552000 kips al cambio 21.73€
Horarios: Hay múltiples salidas diarias, no tendrás problemas para adaptarlo a tus intereses.
Si vas en moto, habrás de pagar parking.
Luang Prabang: 7 días que pudieron ser 4 (y lo que realmente hice con mi tiempo)
Lo que sí pude hacer (y merece la pena)
La verdad es que en Luang Prabang el primer día hizo un gran día de sol y me permitió ver los templos con gran calma y disfrutar mucho del día.
Está todo muy cerca, alrededor del palacio real, en la misma calle. El mejor templo sin duda es el Wat Xieng Thong, pero sales y tienes más hasta llegar al palacio real. Justo en frente tienes las 355 escaleras para subir al monte Phousi, subida muy recomendada para ver la ciudad desde las alturas y los ríos. Yo evidentemente, no pude subir por mis problemas en las piernas.
El precio de los templos es de 30000 kips los mas caros.
Por la noche, como no visita al night market, aunque no cene allí, prácticamente imposible. Cada dos minutos llegaba una minivan cargada de turistas chinos y los soltaban allí.
El problema es el sentido que tienen ellos para hacer las colas. Se te están colando continuamente y cuando les dices algo se ríen, luego llaman a amigos que pasan por allí y los incluyen en sus pedidos de comida, un poco desastre, acabe cenando en un restaurante cercano más tranquilo y supongo que mejor.
Al día siguiente cogí la moto, que me alquilaron en el mismo hotel, y me fui al morning market, repleto de puestos de verdura y souvenirs, una experiencia en sí mismo.

Más tarde di una vuelta por el margen del río Mekong. Totalmente, sin gente, ni embarcaciones listas para dar una vuelta, quizás diciembre no es el mejor mes para pasear por Luang Prabang.

A partir de aquí estuvo dos días seguidos lloviendo, no había manera de salir del hotel. Al final una hora y media que dejo de llover es cuando aproveche para ir a la estación a comprar el billete de tren a Vientiane. Antes de llegar al hotel ya diluviaba.
Las cascadas de Kuang Si: el día que la lluvia y el barro me hicieron dar la vuelta
Después de dos días esperando que dejara de llover, salió el sol. Aproveche para irme e a ver las cascadas de Kuang Si.
El día prometía, además tenía ganas después de dos días en la terraza del hotel viendo la lluvia caer, así que carretera y manta.
Craso error, si estáis en Luang Prabang y la noche antes de ir a las cascadas ha llovido, no vayáis en moto, mejor coged una excursión como esta.
A los pocos kms de salir de Luang Prabang, el asfalto desaparece, como si estuvieran haciendo obras. Pero no encontrarás 4 trabajadores hasta pasados un kms, que sí han de acabarse ellos solos toda la carretera, no lo harán hasta el 2030.
Con las lluvias la carretera estaba impracticable, un auténtico barrizal, en muchos tramos la moto iba patinando. Las primeras señales fue por el camino ir viendo como caían otros turistas en moto, mientras nos adelantaban las minivans cargadas de turistas hacia las cascadas.
El ultimo que oí caer fue uno que venía detrás y solo oí el golpe y como la moto patinaba por el suelo, pero incapaz de girarme a ver porque perdería el equilibro.
Y por no hacer caso a las señales que había recibido, el siguiente fui yo, en una bajada que todo era barro, al conseguir levantar la moto, continue, y dos metros mas adelante volví a caer y decidí que no arriesgaba más.
De camino de vuelta seguí viendo caídas de motos. Recuerdo una pobre pareja, que ella acabo de barro hasta arriba y ese era el trozo “fácil” de la carretera, no sé cómo acabaría su aventura a las cascadas. Es que no solo era conseguir llegar, era que después tenias que volver.
El alba con los monjes: lo que no vi (y cómo vivirlo sin madrugar si tú tampoco puedes)
Había leído sobre ello en cada blog, en cada guía. La ceremonia del Tak Bat, donde los monjes descalzos recorren las calles al alba para recibir ofrendas de los fieles, es una de las postales más famosas de Luang Prabang.
Yo no la vi.
Entre la gripe que aún me pesaba y el cansancio acumulado, cuando sonó el despertador a las 5:30, mi cuerpo dijo «ni hablar». Apagué el móvil y me di la vuelta. Y, sinceramente, no me arrepiento.
Para quien sí quiera vivirlo, la ceremonia es un acto de profunda devoción. Los monjes, vestidos de azafrán, caminan en silencio mientras los locales (y muchos turistas) les ofrecen arroz pegajoso y snacks. Es un ritual hermoso, pero en los últimos años se ha masificado. Hay que buscar un lugar alejado de los grandes grupos y, sobre todo, ser respetuoso: no usar flash, no invadir su espacio y, si ofreces arroz, que sea con intención, no solo para la foto.
Pero si, como yo, prefieres no madrugar o no estás para filas a las 6 de la mañana, tienes alternativas. Verás monjes a todas horas en Luang Prabang, paseando entre los templos con sus túnicas brillantes, especialmente a última hora de la tarde, cuando el sol dorado baña los tejados de Wat Xieng Thong. Esa fue mi ceremonia particular: sentarme en un banco, verlos pasar con calma y disfrutar del silencio sin tener que luchar contra el sueño.
Monte Phousi: cuando el cuerpo dice no
Lo mismo me pasó con el monte Phousi. 355 escaleras para llegar a la cima y tener la mejor panorámica de la ciudad, con el Mekong y el río Nam Khan abrazándola. Las fotos son espectaculares.
Pero con mi arteriopatía, subir 355 escalones no era una opción, era una temeridad. Y en esto los viajes también enseñan: a escuchar al cuerpo. Me quedé abajo, como tantas otras veces en este viaje, y busqué mi propia vista.

La encontré en una terracita junto al río, con un café laosiano en la mano. No era la misma perspectiva, claro, pero el sol se ponía igual de bonito y yo no acababa con las piernas hinchadas. Para quien pueda subir, que no lo dude, merece la pena el esfuerzo. Para quien no, que sepa que Luang Prabang se disfruta también desde abajo.
Dónde alojarse en Luang Prabang (sin necesidad de madrugar para todo)
Si vas a pasar varios días, elige bien tu base. Lo bueno de Luang Prabang es que es pequeña y manejable.
Zona de la península (entre los dos ríos): Es el corazón histórico. Lo tienes todo a pie: el palacio real, el monte Phousi, el mercado nocturno. Es la zona más auténtica y con más encanto, aunque también la más turística.
Cerca del río Mekong: Ideal si buscas tranquilidad y atardeceres. Hay guesthouses con mucho encanto y terrazas para desconectar.
Cerca del río Nam Khan: Más bohemio y relajado, con algunos bares y restaurantes chulos.
Si buscas algo céntrico y con buen ambiente, este enlace de búsqueda en Agoda te muestra hoteles bien ubicados en la península. Yo estuve en Mano Hotel y fue un buen refugio para los días de lluvia.
Vientiane en 3 días: templos, baguettes y Buda Park (con ritmo lento)
Lo que vi en Vientiane (y me gustó)
La llegada a la estación de tren es un caos organizado. Entre taxis, tuktuks y conductores que te abordan, la mejor opción es negociar el precio antes de subir. A mí, al hotel en la zona del río, el trayecto me costó 8€ en tuktuk. Parece caro para Laos, pero la estación está bastante lejos del centro.
Lo mejor de Vientián es que puedes ver lo principal caminando o en bicicleta, sin agobios. Y en algunos sitios llegue con Loca. Loca es el Uber o Grab de Laos.
En mi hotel tenía fácil visitarlo todo, en frente tenia el palacio presidencial y detrás el night market, a la derecha estaba la zona más turística con restaurantes, cafeterías y algún templo.
El primer día elegí esa zona, todo era fácil de hacer andando, aquí visité dos templos el Wat Inpeng y el Wat Ong Teu. Después me dediqué a disfrutar de la zona y por la noche volví para cenar al lado del rio.
Mientras cenabas, las vistas al otro lado del rio era Tailandia. Laos, es de los pocos países del mundo, sino el único, que tiene la capital en la frontera. Normalmente, las capitales de los países están situadas hacia el interior, para evitar ser capturadas en caso de invasión.

El segundo día caminé hacia el lado contrario y pude ver el Wat Sisaket, el pilar de la ciudad, el Wat Si Muang y el Wat That Khao, estos dos son especialmente bonitos. El primero hay que pagar 30000 Kips.
De aquí llame a la aplicación Loca, para tener un taxi para ir al Pha That Luang, para mi el mejor de todos los del país con su estupa dorada y otros templos, una visita que no te puedes perder.
Desde aquí, andando se llega fácilmente al monumento de Patuxai, símbolo de la independencia frente a Francia, se puede ver perfectamente desde abajo, si quieres ver las grandes avenidas desde arriba hay que pagar 30.000 Kips, al cambio menos de 1.5 euros.

Vientiane me reconcilió con Laos. Tiene un aire más relajado, más de ciudad de provincias que de capital. Amplias avenidas, edificios de la época colonial francesa (y sus baguettes, por supuesto) y un paseo junto al Mekong donde da gusto sentarse a ver la vida pasar. Enfrente, Tailandia. Al otro lado del río, y sin prisa ninguna.
A mi me gusto mas que Luang Prabang y eso que todo el mundo me decia lo contario, me parecio mas autentica.
El Buda Park: cómo ir y por qué merece la pena (aunque esté un poco lejos)
Si vas a Vientián, no te lo saltes. Está a unos 25 km del centro, pero es una auténtica rareza: un parque de esculturas hindúes y budistas, algunas enormes y con mucho simbolismo.
Cómo ir:
Opción económica (la mía): Autobús local desde el mercado de la mañana (Talat Sao). Pagas casi nada, vas con locales y la aventura empieza en el propio viaje. Luego, un tuk-tuk te acerca desde la carretera.
Opción cómoda: Contrata un tuk-tuk por horas o busca un tour combinado que suele incluir otros puntos de interés. Te ahorras gestiones, pero pierdes esa gracia.
Consejo: Ve pronto. Antes de que lleguen los grupos grandes, el parque tiene una paz especial. Y no te pierdas la entrada por la boca de una enorme cabeza de demonio, lleva a unas vistas chulas.
Comer en Vientián: donde la baguette es ley (y el café, una religión)
La herencia francesa aquí se nota en cada esquina. Olvídate de buscar restaurantes lujosos; lo mejor está en la calle o en pequeños cafés.
Baguette: Busca un puesto de Khao Jii (el bocata laosiano). Pan crujiente, paté, verduras encurtidas y la proteína que elijas. Por menos de 2€ tienes una comida completísima.
Café: Laos tiene una región cafetera de primera (la meseta de Bolaven). Pide un café lao, que suele ser con leche condensada y muy concentrado. Una auténtica bomba de sabor. Precio: entre 1€ y 1.5€.
Previsión real: Con 10-15€ al día comes de cine, combinando puestos callejeros con algún restaurante tranquilo junto al río.
Vang Vieng: lo que me perdí (y por qué tú quizás no deberías)
No voy a engañarte. Ver a toda esa gente bajar del tren me generó un FOMO (miedo a perderme algo) de los grandes. ¿Qué hay allí?
Imagina un pueblo rodeado de karsticas (esas montañas puntiagudas de película), con un río donde hacer tubing (bajar flotando en un neumático), lagunas de un azul turquesa, miradores de infarto y cuevas para explorar. Antes era la locura del turismo de mochila, y aunque el ambiente fiestero se ha suavizado, sigue siendo el epicentro de la aventura en Laos.
Si tienes 2-3 días extra en tu ruta, es una parada casi obligada entre Luang Prabang y Vientiane. El tren lo conecta perfectamente.
Mi error no fue no ir. Fue dejar que un consejo genérico (el de la IA) pesara más que mi instinto y la realidad del momento. Si hubiera llegado bien físicamente, habría bajado. Pero también aprendí que un error planificando no es un viaje arruinado, es una lección para el próximo.
El sur de Laos: lo que investigué (por si tú tienes más días)
No llegué, pero pregunté, leí y soñé con ello. Por si tú vas con más tiempo:
Pakse y la meseta de Bolaven: Es la Toscana laosiana. Un altiplano lleno de plantaciones de café, cafetaleros acogedores y cascadas espectaculares donde bañarte. Se recorre en moto en 2-3 días, haciendo paradas en alojamientos rurales. Ideal para amantes de la naturaleza y el café.
Las 4000 Islas (Si Phan Don): Al sur del todo, el Mekong se ensancha y crea un archipiélago de pequeñas islas donde el tiempo se detiene. Don Det y Don Khon son las más famosas. Hamacas, atardeceres, paseos en bici y la posibilidad de ver delfines de agua dulce. Perfecto para 3-4 días de relax absoluto.
Preguntas frecuentes (respuestas sinceras basadas en mi tropiezos)
¿Cuántos días son necesarios? Para ver el «triángulo de oro» (Luang Prabang, Vang Vieng, Vientiane), con 10-12 días vas sobrado. Si quieres añadir el sur, necesitas 15-18.
¿Es barato? Sí. Con 40-50€ al día vives muy bien (alojamiento, comida, transporte y alguna actividad). Si aprietas, puedes gastar menos; si te das caprichos, más.
¿Visado? Para españoles (y muchos europeos), sí. Se puede sacar online (e-visa) o a la llegada en los principales puntos fronterizos y aeropuertos. Lleva foto y dinero en efectivo (dólares o kips) para el pago. (Esto lo puedes actualizar según 2026).
¿Comida? Deliciosa y menos picante que la tailandesa si avisas. Imprescindibles: el laap (ensalada de carne picada), el tam mak hung (ensalada de papaya) y el sticky rice (arroz pegajoso) que acompaña todo.
¿Se puede viajar con problemas de salud? Yo soy la prueba de que sí, pero con condiciones: escucha a tu cuerpo, no te empeñes en lo que no puedes hacer y busca alternativas. Viajar lento no es perder, es ganar en profundidad.
Consejos prácticos (los que yo necesité y no tuve)
Seguro de viaje: No es un gasto, es una tranquilidad. Yo pillé una gripe y vi caerse a gente con la moto. Te cubre desde eso hasta una evacuación. Si no tienes, pásate por IATI(enlace con descuento), que son de los pocos que cubren condiciones preexistentes si estás estable (importante para mí).
Internet: La eSIM es lo más cómodo. Yo usé Airalo y me funcionó bien en todo el país. Si tu móvil es más viejo, compra una SIM física en cualquier tienda del aeropuerto o ciudad (unas 300-400 kips con datos de sobra).
Dinero en efectivo: Sigue siendo el rey. Lleva euros o dólares para cambiar en casas de cambio (mejor cambio que en el aeropuerto) y saca kips en cajeros si es necesario. Las tarjetas solo en hoteles y grandes restaurantes.
Moto sí, pero con cabeza: Si llueve, si la carretera es de tierra, si no te ves firme… NO. Aprende de mi batacazo hacia Kuang Si. Pregunta siempre el estado de la carretera antes de salir.
Mi itinerario corregido: cómo viajaría a Laos hoy (con Vang Vieng y sin prisas)
Si volviera mañana, con lo que sé y con mi cuerpo, haría esto:
Días 1-4: Luang Prabang. Para ver templos, las cascadas (yendo en excursión si ha llovido), el monte Phousi y, sí, madrugar un día para ver el Tak Bat, pero desde un lugar tranquilo.
Días 5-7: Vang Vieng. Para flotar en el río (sin pasarlo de rosca), subir a un mirador (el de Nam Xay es icónico) y relajarse viendo los globos aerostáticos al amanecer.
Días 8-10: Vientiane. Para los templos, el Buda Park y pasear junto al Mekong comiendo baguettes.
Días extra: Si tuviera más tiempo, me escaparía 4 días a las 4000 Islas para acabar el viaje con el modo «slow» al máximo.
viajar no es hacerlo todo, es vivir lo que toca
Este viaje me enseñó que la mejor ruta no es la que llena más casillas, sino la que respeta tu momento. Me traje a casa barro en la mochila, una gripe olvidada y la certeza de que equivocarse eligiendo destino es mejor que no viajar.
Laos me esperaba con nubes y con sol, con carreteras rotas y templos dorados. Y aunque no hice todo, hice lo que pude. Y fue suficiente.

Soy planificador de viajes y blogger desde 2005. Mi pasión por viajar comenzó muy pronto: tenía poco más de un año cuando visité el Loira y París, aunque, claro, no recuerdo nada. Desde entonces, viajar ha sido una constante en mi vida.
















