Como ya conté en este artículo, mi llegada a Shanghái fue apoteósica por mal preparada, no culpa mía, culpa de los datos de temperatura que me dieron.
Esa misma tarde estaba tumbado en el hotel, sin fuerzas para moverme. Mi subconsciente quería que fuera por el cansancio del vuelo, pero otra parte de mí veía claro que estaba en plena gripe y pensaba menos mal que tengo el seguro de Iati por si acaso se pone peor la cosa.
Tenía reservadas 6 noches de hotel, para visitar la ciudad y hacer dos salidas; una a Zjujiajiao y la otra a Hangzhou. Esas excursiones iban a ser mi comodín: si me sentía mejor, las haría; si no, las pospondría o cancelaría. Viajar con margen es, a veces, la mejor forma de disfrutar.
Al final, esa primera tarde reuní fuerzas y me fui al extremo de Nanjing Road con un objetivo claro: encontrar una chaqueta decente para abrigarme. Recorrí varios centros comerciales y tiendas de barrio, pero pronto descubrí que las tallas 3XL no son precisamente comunes en un país donde la mayoría de la gente es más menuda.
Y cuando por fin daba con algo de mi talla… era “talla china”. Aunque llevara el mismo número que en Europa, solía equivaler a una o incluso dos tallas menos.
Después de caminar un buen rato bajo el frío y con la gripe empezando a apretar, la cosa se puso fea. No me quedó otra que llamar un Didi y volver al hotel a cuidarme.
Esa experiencia me hizo darme cuenta de algo clave: viajar a Shanghái requiere planificación incluso en lo básico. Por eso, si vienes en otoño o invierno, trae tu abrigo desde casa. Y si necesitas comprar ropa allí, apunta a zonas como Xintiandi o los grandes centros comerciales de Pudong, donde hay más marcas internacionales (y tallas más generosas).
Que ver en Lujiazui, Pudong
El segundo día, con un subidón de fuerzas y creyéndome invencible, cogí el metro hasta la parada de Lujiazui en la línea dos. Salí por la salida 6 y camino de los grandes rascacielos de la ciudad, a cuál más impresionante.
Lujiazui: es el barrio dentro de Pudong donde se concentran los rascacielos más famosos:
- Torre de Shanghái (Shanghai Tower)
- Centro Financiero Mundial de Shanghái (SWFC, el “abrebotellas”)
- Torre Jin Mao
- Torre de la Perla Oriental (Oriental Pearl Tower)
La verdad, todos impresionantes desde fuera y toca decidir a cuál subir. Normalmente, si solo vas a subir a uno, la mayoría de la gente escoge la Torre de Shanghai. Cuando van a subir a dos, la elección ya se diversifica más entre la torre de la perla oriental o el SWFC.
Yo esa mañana subí a la torre de Shanghái, como ya conté en ese artículo. La torre que me gusto mucho por fuera fue la Jim Mao y me dio pena, nadie le hacía caso, solo un grupo de estudiantes de menos de 10 años entraban en ella, en una excursión escolar. Los turistas todos apuntábamos a la torre de Shanghái.

| Rascacielos | Altura | Año | Zona / Mirador | Característica clave | Precio adulto (aprox.) |
|---|---|---|---|---|---|
| Torre de Shanghái | 632 m | 2014 | Pudong · Mirador 118.º (≈ 546 m) | Edificio más alto de China y mirador interior más alto del mundo. | 180–260 RMB |
| Centro Financiero Mundial (SWFC) | 492 m | 2008 | Pudong · SkyWalk piso 100 (≈ 474 m) | Famoso “abrebotellas” con pasarela de cristal en el piso 100. | 120–180 RMB |
| Torre Jin Mao | 420,5 m | 1999 | Pudong · Mirador piso 88 (≈ 340 m) | Diseño inspirado en pagoda tradicional; alberga el hotel Grand Hyatt. | 100–130 RMB |
| Torre de la Perla Oriental | 468 m | 1994 | Pudong · Esferas a 263–351 m | Icono de Shanghái con suelos de cristal y restaurante giratorio. | 200–320 RMB (según paquete) |
| Shimao International Plaza | 333 m | 2006 | Nanjing Road · Hotel / centro comercial | Rascacielos emblemático en pleno centro comercial de Shanghái. | Sin mirador público (uso hotel/comercial) |
Nanjing Road
Nanjing Road
Ya por la tarde, después de descansar un rato en el hotel, me dirigí a Nanjing road, con dos objetivos claros, conseguir la chaqueta y visitar la zona.
Una vez allí, no sé si fue lo espectacular de la iluminación, o el ambiente de la calle, que me olvide por completo de la chaqueta y de la gripe y fui avanzando por la calle maravillado por todo lo que podían ver mis ojos.

Justo en la parada de metro Nanjing Road est, al salir, 20mts más arriba hay una farmacia, no es fácil encontrar farmacias y está seguro que va de paso a cualquier turista que la necesite, además precios realmente baratos.
Nanjing Road es la arteria comercial más famosa de Shanghái y una de las calles peatonales más largas y transitadas del mundo. Se extiende desde el Bund hasta el distrito de Jing’an, atravesando el corazón de la ciudad con más de 5 kilómetros de tiendas, centros comerciales, marcas internacionales y locales, puestos de comida callejera y luces de neón que nunca se apagan.
Históricamente, fue la principal vía de la Concesión Internacional durante el siglo XIX, y hoy simboliza la mezcla característica de Shanghái: tradición, colonialismo y capitalismo desbordante. Aunque puede resultar abrumadora por la multitud, merece al menos un paseo corto —especialmente al atardecer— para sentir el pulso de una ciudad que no duerme, ni siquiera cuando uno va con fiebre.
Hotel Peace
Al final de Nanjing Road, tocando a the Bund encontrarás el hotel Peace. No dejes de asomarte.

Más que un hotel, es un museo vivo de la Shanghái de los años 30. Cada noche, un grupo de músicos octogenarios toca jazz clásico en su salón principal, como si el tiempo se hubiera detenido. Entrar cuesta poco (una consumición mínima), y la atmósfera… no tiene precio.
The Bund
De pie junto al río Huangpu, con el viento fresco en la cara y la fiebre rondando, vi ante mis ojos la verdadera alma de Shanghái: a mi izquierda, los edificios coloniales del Bund, majestuosos y elegantes como damas de los años 30; frente a mí, el skyline de Lujiazui, brillando como una ciudad de otro planeta. No era solo una vista. Era un diálogo entre épocas, entre Oriente y Occidente, entre historia y ciencia ficción. Y en medio de todo eso, yo, pequeño, cansado… y completamente asombrado.
Me había imaginado mil veces estar allí, viendo esas vistas… y por fin estaba.
Curiosamente, siempre lo había visualizado como un auténtico caos de gente. Tenía cierta fe en que, con el frío que hacía, habría menos multitudes… pero no fue así.
Lo que sí me sorprendió fue lo bien organizado que está todo desde varias manzanas antes de llegar: canalizan el flujo de personas con vallas y agentes que dirigen el tráfico peatonal, especialmente en los cruces, imponiendo un orden casi militar hasta la entrada del Bund.
Ahí sí, el caos aparece: en el punto de acceso principal, todos quieren la misma foto —la del skyline de Pudong de frente— y se forma un embotellamiento humano. Pero el paseo del Bund es largo, y si te vas moviendo hacia la izquierda (río arriba), pronto encuentras tramos casi vacíos, donde puedes disfrutar de las vistas a tu ritmo y sacarte las fotos que quieras, sin nadie detrás impaciente.

Y si aún te mueves más hacia arriba, hasta llegar al monumento de los héroes, tendrás una de las mejores vistas, con la perla de oriente en frente.
Aquí en el Bund, tendréis la opción y la tentación de cruzar al otro lado, por un trenecito que ofertan en todas partes, por un tunel plagado de luces led, un poco friki todo. Pagaréis 7 euros por ello. Si queréis una experiencia auténtica, coged el transbordador que os cruzara al otro lado por 16 céntimos solo y tendréis unas maravillosas vistas del Skyline de Shanghái desde el río.
Al día siguiente volví por la mañana, como si necesitara comprobar que lo que había visto la noche anterior era real.
Quería empezar una ruta desde el Bund hacia el interior de Nanjing Road, así que aproveché la luz del día para recorrerlo con calma. Y sí, sigue siendo espectacular… pero ya no es lo mismo.
La magia del Bund está en la noche: cuando los rascacielos de Pudong se encienden y el contraste con los edificios históricos del paseo crea ese equilibrio imposible entre pasado y futuro. Por eso, si me preguntas, te recomiendo verlo primero de día —para entender su arquitectura y escala— y luego de noche, cuando cobra vida.
Si haces lo contrario, corréis el riesgo de que, al verlo de día, se os caiga un poco la ilusión… y eso sería una pena.
Después del Bund, empecé a caminar por Nanjing Road en dirección al interior de la ciudad. Es una de las calles comerciales más largas del mundo, y desde el primer paso te envuelve un torbellino de luces, música de tiendas, aromas de comida callejera y carteles en neón que nunca se apagan.

A cada paso hay algo que llama la atención: puestos de té con perlas, máquinas de bubble waffles, tiendas de souvenirs con imanes y abanicos de seda… e incluso un pequeño Museo del Chocolate (más bien una tienda temática, pero ideal si buscas un regalo dulce).

People´s Square
Yo, entre escalofríos, me detuve en un puesto callejero a tomar un zumo de caña de azúcar recién exprimido —dulce, fresco y sorprendentemente reconfortante— antes de seguir caminando. Si continúas hacia el oeste, el bullicio va cediendo poco a poco hasta desembocar en People’s Square: una gran plaza abierta, rodeada de edificios emblemáticos como el Museo de Shanghái (entrada gratuita, aunque cierra los lunes), el Teatro Municipal y varios jardines donde muchos locales descansan o practican tai chi al amanecer. Es, en teoría, el pulmón que la ciudad necesita después de tanta estimulación visual…

Pero ese día, People’s Square fue solo un nombre en el mapa. Llegué hasta la estación de metro —el nudo donde confluyen tres líneas— y ahí me ganó la fiebre. No vi el museo, no paseé por los jardines, ni siquiera alcancé a tomar una foto. Tuve que llamar un Didi y volver al hotel antes de que se me acabaran las fuerzas. Si vais con mejor salud que yo, merece la pena dedicarle una hora; si no, no os sintáis mal por saltároslo. Shanghái es generosa: siempre hay otro rincón esperando, incluso desde la cama del hotel.
Algunos templos imperdibles
Templo de Jing’an
Situado en el barrio con el mismo nombre es un auténtico refugio de paz, aunque según la hora puede estar realmente lleno de turistas y la entrada un poco caótica, hay que pagar 50 yuanes, pero cuando yo pase por allí para ponerme en la cola para pagar, estaba entrando un grupo de una excursión y me contaron entre ellos y me metieron hacia dentro y me ahorré pagar.
Para llegar tendréis que coger la Línea 2 de metro y bajaros en la estación de Jing´an y salir por la salida 1. Al salir veréis enfrente un parque y no veréis el templo, el templo os queda justo en la pared de donde salís, encima del metro.
es uno de los templos budistas más antiguos y venerados de la ciudad. Su historia remonta al 247 dC, durante la dinastía Wu del Sur, aunque ha sido reconstruido varias veces a lo largo de los siglos a causa de guerras y desastres naturales. Su forma actual combina elementos tradicionales de la arquitectura china con detalles modernos, destacando por sus tejados curvados, pinturas vibrantes y patios serenos que invitan a la reflexión y la meditación.
En el interior del recinto, los visitantes pueden admirar imponentes estatuas de Buda, salas de meditación y jardines bien cuidados que ofrecen un refugio espiritual en medio del trasiego urbano. El templo sigue siendo un lugar de culto activo, donde monjes realizan ceremonias diarias que atraen tanto a devotos locales como a turistas interesados en la filosofía y cultura budista.
Uno de los aspectos más fascinantes del Templo de Jing’an es su entorno: se encuentra rodeado por una de las zonas más cosmopolitas de Shanghai, llena de edificios modernos, centros comerciales y vida urbana intensa. Este contraste crea una fusión única entre el pasado y el presente. Justo al lado del templo se encuentra la icónica estación de metro Jing’an Temple, una obra de arquitectura contemporánea con fachadas iluminadas que contrasta con la serenidad y sobriedad del templo.
Templo del buda de Jade
El siguiente templo que visite fue el del buda de Jade. Mucha gente también, como en todas partes. Pero en los templos, se juntan los devotos y los turistas, me sorprendió tanta devoción religiosa, realmente no lo esperaba por el pasado reciente del país.
Para llegar deberemos coger la Línea 13 de metro y salir en la estación de Jiangning Road y salir por la salida 4 y andar por la calle de enfrente, menos de 500 metros.
El Templo del Buda de Jade (Jade Buddha Temple) es uno de los lugares religiosos más importantes y reverenciados de Shanghái, conocido por su impresionante arte y devoción espiritual. Fundado a finales del siglo XIX por el monje Huigen, el templo se convirtió rápidamente en un centro espiritual clave para la comunidad budista local.
Lo que hace especial a este templo son sus dos estatuas principales cortadas en jade:
- Una figura de Buda sentado, hecha de jade blanco, que pesa más de 3 toneladas.
- Otra estatua de Buda apoyado, que representa el momento en que el Buda entra en el nirvana (iluminación final).
Estas esculturas fueron llevadas desde Birmania (actual Myanmar) y son admiradas tanto por su valor artístico como por su profundo significado espiritual.
Bien merece la visita.
Templo Longhua
El siguiente templo que visite fue el templo Longhua, que tiene la pagoda más alta de Shanghái. Un templo con una actividad frenética de creyentes y sin ningún turista, cosa que me extraño porque el metro está en la puerta misma del templo.
Para llegar deberás coger la Línea 12 hasta la parada Longhua Station, no tiene perdida.
El Templo Longhua es el templo budista más antiguo y grande de Shanghái, con orígenes que remontan al 242 dC. A pesar de haber sido restaurado en varias ocasiones, conserva su pagoda original de siete pisos en estilo dinastía Song.
Xintiandi, Tianzifang y la Concesión Francesa: entre lo que no vi y lo que sí disfruté
Lamentablemente, no pude visitar Xintiandi ni Tianzifang durante mi estancia en Shanghái. Caí con un gripazo de los serios y, francamente, estaba demasiado mal como para salir a explorar. En esta web siempre me comprometo a hablar solo de lo que he visto y vivido en persona, así que prefiero no opinar directamente sobre esos dos barrios.
Dicho eso, por lo que leí y escuché antes y después del viaje, ambos lugares han ido perdiendo su esencia original bajo el peso del turismo masivo. Al parecer, lo que antes eran calles llenas de talleres artesanales y vida local se ha transformado en una sucesión de tiendas genéricas y cafés orientados casi exclusivamente a visitantes.
En cambio, sí recorrí la Concesión Francesa, aunque con una misión muy concreta: encontrar una chaqueta de mi talla (¡misión casi imposible en China!). Aun así, no pude evitar notar el contraste con el resto de la ciudad. Es un barrio elegante, tranquilo y con un aire europeo que invita al paseo lento. Las calles arboladas, las fachadas coloniales y ese ritmo más relajado hacen que uno sienta, por un momento, que ha salido de Shanghái sin moverse de ella.
Yuyuan y la Old City: caos, dumplings y un jardín que respira historia
Sí, paseé por Yuyuan, ese rincón que muchos llaman la Old City de Shanghái. Es imposible no notar el contraste: por fuera, un mercado abarrotado de turistas, luces chillonas, puestos de té burbuja y souvenirs hechos en serie; por dentro, el Jardín Yuyuan, un oasis de armonía construido en el siglo XVI, donde cada puente curvo, estanque de carpas y pabellón tallado parece susurrarte que, pese al bullicio, Shanghái aún guarda rincones de serenidad intencionada.
No voy a mentir: el entorno es muy turístico. Pero también es auténtico en su propia forma de caos organizado. Vi a familias locales desayunando xiaolongbao al amanecer, monjes budistas caminando entre puestos de incienso, y ancianos practicando caligrafía en el suelo con brochas y agua.
Si vas, ve temprano. Y no te vayas sin probar los dumplings al vapor de Nanxiang Steamed Bun Restaurant —sí, hay cola, pero merece la pena—. Y sobre todo, no juzgues el lugar por su fachada comercial: el alma de Yuyuan está en los detalles que solo se ven si te detienes… algo que, con mi gripe en pleno apogeo, apenas pude hacer. Aun así, me bastó para entender por qué este rincón sigue siendo el corazón histórico de la ciudad
Shanghái no se rinde fácilmente. No basta con llegar: hay que estar preparado, cargado (de batería y de abrigo), y, sobre todo, en condiciones físicas para enfrentar su ritmo implacable. Aunque mi gripe me robó Zhujiajiao, me limitó en People’s Square y me obligó a posponer planes, también me enseñó algo valioso: que viajar con margen no es señal de debilidad, sino de sabiduría.
Esta ciudad —desde el Bund iluminado hasta los patios silenciosos del Templo Jing’an, pasando por el caos aromático de Yuyuan— merece ser sentida, no solo recorrida. Y si al final del día solo puedes caminar tres calles o subir a una torre antes de volver al hotel a descansar, eso ya es suficiente. Porque Shanghái, como toda gran urbe, no se agota en una visita… se va revelando poco a poco, a tu ritmo.
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Soy planificador de viajes y blogger desde 2005. Mi pasión por viajar comenzó muy pronto: tenía poco más de un año cuando visité el Loira y París, aunque, claro, no recuerdo nada. Desde entonces, viajar ha sido una constante en mi vida.






















